viernes, 14 de octubre de 2022

OLIVERIOS & PLATÓNICOS / VIDA, OBRA, SEXO Y ARTE DE ALBERTO CARLOS BUSTOS, MUNICIPAL Y PÁJARO (CUARTA ENTREGA) MIGUEL ÁNGEL SOLÁ

NOTA DEL AUTOR (me perdí en la numeración, lo siento, pero no llegan a diez casi seguro): Prosigamos con los datos acumulados tras siete meses de arduas investigaciones. La Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires no registra en sus legajos a persona alguna llamada Alberto Carlos Bustos -en escrito librado a mi persona por Juan José Cuestas-, admitiendo sí, la existencia -en los archivos salvados del último incendio (l967)- de: Edelmiro Bustos* (pintor de andamios) (1971-1913); Fabián Bustos (ayudante de archivos en ramos generales) (1912-1946); Primigenia Bustos (secretaria de Intendencia en Pergamino, provincia de Buenos Aires) (1921-1963); Segundo Bustos (¿?) (1932-1987); Florentino Bustos (peón de asfalto) (1901-1947); Simón Eleuterio Bustos (carpintero) (1942-?); Aquilino Bustos Hernández (picapedrero) (1922-1959); Julián Bustos Fierro (jefe de personal) (1911-1963); Anselmo Bustos (inspector) (1929-1989); Baldomero Bustos (inspector) (1911-1973); Antenor Bustos** (albañil) (1876-1949); Endivia Bustos (tenedora de biblioratos y restauradora) (1901-1968); Castora (1904-1954) y Eva (1906-1969) Bustos*** (maestras); Eduviges Bustos Armenach (directora de escuela) (1912-1986); Marcos Pintor Bustos (1936-1979) (jardinero)...

La lista completa, abarca otros trescientos treinta y dos municipales apellidados Bustos, pero en ningún caso algún Alberto Carlos.

Pues bien: si la mismísima Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires ha decidido ignorar al más creativo y libre de sus exponentes, es fácil deducir por qué la misma es lo que es y está como está. En cuanto a las causas que fundamentarían esa actitud, podríamos buscarlas en el miedo al cambio y a la suma de acontecimientos que tuvieron a Alberto Carlos Bustos como protagonista, y que, con el correr de estas páginas iremos analizando, convencidos como estamos de la existencia del hombre y no del mito. En principio sospechamos que Alberto Carlos Bustos fue -o es- aún persona, y que generó en su ámbito municipal una rebelión orgánica enfrentada a la grisitud que sus conspicuos detractores terminaron imponiendo. En su intrepidez hallaríamos, tal vez, no sólo la causa, sino el efecto que provocara la reacción de todos aquellos que convirtieran en un mezquino "negocio de influencias” el espíritu de lo municipal. Lo dicho: ni un mísero legajo. Muerte civil.

(*)  Padre (R. I. P.) de Albero Carlos (**)  Tío de (R. I. P.) de Alberto Carlos (***) Primas (R. I .P.S.) de Alberto Carlos


“Ya de niño me llamaban “antiguo”. Según ellos, vivía "en ridículo"; "abstraído en la irrealidad de la realidad…" **  Sin embargo, los seres "menores" como yo, también dejan huella. No busqué el éxito, ni la fama, ni la trascendencia, ni el fracaso siquiera. No pude adecuarme, no quise resignarme, no seguí consejos, ni impuse mi criterio. En algún sentido,  fui libre. Y viví, sencilla e intensamente, mi “minoridad”. Sin ánimo de ofender a nadie, pienso que los hombrecitos grises, somos “grises” para los “maquillados” que creen conocernos a través de una foto carné de mediados del siglo. Y lo digo porque nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras ganas de vivir de otra manera, nuestros primeros sueños -por más que lo que se conozca por "realidad" imponga límites inhumanos a los humanos- no se agotan. Nuestros colores nacen de lo elemental del afecto. Y del dolor, de la tristeza, de la bronca, del ansia de justicia, de la sinrazón diaria, y  -también-, de toda la alegría que presupone ese mañana diferente donde plasmaremos otra historia: aquella en la que nadie será "gris" como hasta hoy nosotros. Es más que ser ladrón, aunque no se considere tanto. Es ser como se es; como se puede, y, poco a poco, como se quiere.

A lo nuestro, entonces: éstos escritos -plagados de fórmulas “menores”, desinteresadamente humanas-, son el producto de una persecución que, con delirio de hormiga enamorada, consumé en estos años de urgida necesidad de comunicarme para que supieran de mi existencia. Algunos prefieren matar o robar o engañar a los demás para lograr su bronce. Yo deseo ser alguien para siempre. ¿Lo seré alguna vez...?. No importa si en apariencia no; me he convencido de que si algo se desea fervientemente, sucede. Cosas han de pasar conmigo, entonces. Aceptando que la fantasía es libertad; que la inteligencia es libertad; que sentir es libertad; que el amor a los otros es una vida plenamente ocupada: me descubro sin pedir permiso. Vale la pena.


**NOTA DEL AUTOR Nº ¿?: efectué un corte en el escrito, para no dinamitar el ritmo de la carta abierta  y su similitud con la siguiente que testimonia haber leído en un acto de la Asociación Argentina de Actores el colega y amigo Martín Adjemián.

El corte ha sido el siguiente: (“Eso decían mis maestros -excepto la señorita Esmeralda Alaris (de primero superior B)-, quien veía lo que nadie en mí y me impulsaba: “-Sueña, sueña, no dejes la ensoñación, es lo único que nadie podrá cobrarte, aunque te lo hagan pagar caro, querido Alberto-”. Para los demás -quizás alguno me mirara condescendientemente, no quiero ser injusto, pero, para casi todos ellos, mi manera de existir era algo así como una “menudencia”, y solían decirlo en voz audible, con el propósito de que yo ¿me sintiera así?, ¿se puede ser tan cruel con un niño?, o era mi imaginación lastimada y solitaria?...)”

 

“Carta abierta a quien me encuentre”. Alberto Carlos Bustos. Buenos Aires. 1974. (Según Pedro Más. Peluquero Afro)

“Supe por otros, que jamás iba a ser alguien relevante. Que pensaba "en ridículo"; "en abstracto"; "en la irrealidad de la realidad", y que existir como yo era innecesario.

Sin embargo, los seres menores como yo, también dejan huella. No busqué el éxito, ni la fama, ni el fracaso, ni la trascendencia; pero fui libre. No pude adecuarme. No quise resignarme. No seguí consejos, ni impuse mi criterio. Viví. Sencilla e intensamente, viví.

Esta historieta plagada de fórmulas humanas; estos escritos; estas músicas; estos dibujos y pinturas; son producto de la búsqueda de un mí mismo que, con delirio de hormiga enamorada, consumé en años de una urgida necesidad de comunicarme con otros humanos  como yo, para que supieran de mi existencia. Quise ser en alguien. ¿Lo seré alguna vez...? No importa si en apariencia no. Yo deseo ser. Algo bueno ha de pasar conmigo, entonces.

Estoy convencido de que aquello que se desea fervientemente, sucede. Hay quien prefiere matar, o robar, o engañar para lograr su bronce.

No me interesa el dinero, no al menos como para desvelarme,  y menos aún como para tener que lidiar con impuestos y otras malas hierbas. Ya tengo bastante con ser lo que los "maquillados" llaman "un hombrecito gris". Sin ánimo de ofender, pienso que "los hombrecitos grises" somos grises para los que creen conocernos a través de una foto carnet de comienzos del siglo. Pero, a pesar de ellos, nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras ganas de vivir de otra manera, nuestros primeros sueños -por más que lo que se conozca por "realidad" imponga límites inhumanos a los humanos-, no se agotan. Nuestros colores nacen de lo elemental del afecto, del dolor, de la tristeza, de la rabia, de la angustia, del escalafón, de la sinrazón diaria y de toda la alegría que presupone un mañana diferente: esa tela donde plasmaremos otra historia; aquella en la que nadie será "gris" como hasta hoy nosotros. Es mucho más que ser parte de ¨la mafia¨, aunque no se aprecie tanto. Es ser como se es, como se puede, y, a veces, como se quiere. Bien; si sirve de algo: ésta es parte de la única vida vivida por alguien que propone: si están solos: escriban, lean, escuchen y hagan música, pinten, canten, bailen, actúen... estudien siempre, investiguen, curioseen... -el tiempo no se escapa por hacerlo, el tiempo, así, viene, siempre viene-. Y si están acompañados, también. Compartan la aventura interminable. Acepten que la fantasía es libertad; que la inteligencia es libertad; que sentir es libertad; que el querer a los otros es una vida plenamente ocupada. No se achiquen. No pidan permiso. Descúbranse. Vale la pena”.

  De ustedes, siempre:

  Alberto Carlos Bustos (municipal y pájaro)

 

viernes, 30 de septiembre de 2022

OLIVERIOS & PLATÓNICOS / VIDA, OBRA, SEXO Y ARTE DE ALBERTO CARLOS BUSTOS, MUNICIPAL Y PÁJARO (TERCERA ENTREGA) MIGUEL ÁNGEL SOLÁ

-"Dudo que su nacimiento y crianza se produjera en Córdoba, pues carecía de la tonada que caracteriza a los naturales de La Docta ciudad..."-, argumenta Jorge Luis Borges, en el reportaje que el escritor y poeta Rodolfo Braceli le hiciera el 6 de septiembre de 1974.

-"(...) Lo conocí en una situación extremadamente tensa en el club argentino de pato. Este hombre, Bustos, que, debo reconocer, produjo en mí una desmedida curiosidad momentánea, logró interrumpir la semifinal de un sanguinolento campeonato de pato, que disputaban "Las Cruces", de Pergamino y "Los Venados", de Balcarce, plantándose en el centro del campo de juego con un invento que le pertenecía, entre las manos: un balón con seis asas, con el que pretendía reemplazar al acogotado palmípedo de turno. Evidenció ese día, el muy impertinente, la valentía de un cuchillero entre cuchilleros, imponiendo su criterio tras amedrentarlos con la simple parada. Supe luego, en una charla informal, que el susodicho escribía; pero, urgido como me encontraba en satisfacer las demandas de los vericuetos insaciables de mi pobre imaginación, mis oídos ya no se prestaban. En cambio, nacía en ese mismo instante, "Hombre de la Esquina Rosada", y sus méritos, si los tuviera, los debe a ese mozo de rostro afilado y temple acerino, para rematar la charla con un: -"¿Braceli, es su nombre...? Vea, muchacho, al fulano que nos ocupa no lo recuerdo cordobés."-

 Honorio y Delfino Acuña, remontan al 1º de mayo de 1923 el nacimiento de Alberto Carlos Bustos. Hermanos gemelos y periodistas, ambos coinciden en que: “(...) Su tierra de origen - la de Bustos - fue Villa General Belgrano (Córdoba); trasladándose el grupo familiar (en ese entonces: padre, madre, su primogénito llamado Libador y Alberto Carlos, aún bebé) a la ciudad de Rosario para atender a este último de la ceguera que le afectara desde sus tres primeros días de vida". Este testimonio coincidiría con el de Olga Arce, que trató al afectado durante la enfermedad que lo acosara. No son los mismos, sin embargo, el lugar ni el año de su nacimiento.

 Heriberto Oyuela -anciano político cordobés-, asevera en su libro "Memorias de un canalla redimido", que la idea original de sus escritos le fue suministrada por su coterráneo Alberto Carlos Bustos, y que por lo tanto a él debe la fortuna acumulada por sus ventas en veintiséis países: -“ (...) evitándome así proseguir utilizando las tan malas artes acostumbradas en mis colegas para hacer dinero". “(...) Yo era de los que opinaba livianamente: “Hay que invertir donde corra la sangre, aunque sea la mía”.  Hoy, arrepentido del daño que pude hacer, soy asesor de la ONU, vocal primero de UNICEF y consejero de Mujeres Maltratadas en toda América. Por eso, cada 1º de mayo, levanto mi copa en honor de quien me ayudó a cambiar...". Este último dato, podría bien ser tomado como una salutación al día en que su inspirador iniciaba un nuevo año de vida. Su cumpleaños, digo.



"Veo sangre en los ojos del siglo.

Encaramados al poder de lo imposible, los sentidos vagan por la insensatez.

He visto estrellas encenderse y apagarse luego, como si sobraran, como si no les estuviera permitido más que ese parpadeo miserable.

He visto sangrar a los ojos del siglo.

Tras cada gota, el destino, ahogando el fuego sagrado que protege del invierno a los sentimientos.

 Mi mano imaginaria percibió ayer la dureza de las almas que conducen esta renovada vieja historia.

 Tocó a un tiempo, todas las piedras -corazones de latires ahogados-, y golpeó urgida, puño cerrado, para hacerse evidente; pero mi oído fantaseado le avisó que de cada cerebro manaban cataratas que, por espesas parecían órdenes y que éstas fluían por ojos inertes y mandíbulas tiesas desde el miedo inventado.

Veo sangre en los ojos del siglo.

Quise besar la boca que me mordió.

Quise sorber la saliva virgen que, como esas estrellas del débil parpadeo, mudó sin transición en baba rabiosa.

Quise lamer su hendidura más profunda y en ella: un sello, un himno, una bandera fronteriza y lo aprendido de memoria y repetido hasta el hartazgo en la búsqueda del odio suficiente que por suficiente justifique.

Veo sangre en los ojos del siglo.

No es sangre conocida.

Es sangre de números, de contabilidades, de memoria y balance, de utilidad, de pragmatismo.

No es sangre de la que hace brotar vida.

Es sangre de vencer o morir.

Es sangre de ni un paso atrás.

Es sangre de matémonos los unos a los otros.

No van a derramar lo vital los mandantes dedicados a "ultimar detalles"; escudados en soberanías, honores y valentías fingidas; surcos por donde la sangre del siglo veo correr.

Quiero olvidar que mis ojos ven, no sólo lo que ven, quiero cegarlos de visiones, equivocarlos, hundirlos en la nada del vacío.

No basta con cerrarlos.

No basta con llevarlos al sueño.

 Sigo viendo, y lo que veo es sangre de siglos en el siglo que me toca vagar por estos ojos, que apenas parpadean."

 

 ¨Siglo¨, de Alberto Carlos Bustos. Buenos Aires. Diciembre. 1936.Prólogo en “Memorias de un canalla redimido”. 

 

jueves, 22 de septiembre de 2022

OLIVERIOS & PLATÓNICOS / VIDA, OBRA, SEXO Y ARTE DE ALBERTO CARLOS BUSTOS, MUNICIPAL Y PÁJARO (SEGUNDA ENTREGA) MIGUEL ÁNGEL SOLÁ

Llegados a este punto se hace imprescindible una *Nota del autor de esta nota*:

 Resulta imposible -o al menos increíble- creer que un argentino, nacido en 1926, pudiera escribir en 1929 ese texto. La mayoría de nosotros sufre a los políticos desde que nace, pero no los conoce realmente hasta pasada la tierna infancia, dado que nuestros padres intentan preservarnos de su influencia -a menos que nos cuelguen sus retratos en las aulas desde infantil o nos adoctrinen, Mussolini, Hitler y Stalin se sostuvieron así, por ejemplo, pero ellos no eran argentinos. Y de la Casa Rosada, se sabe que es rosada, pero se ignora lo que dentro se cocina hasta pasaditos los dieciséis, cuando nos empiezan a patear las jóvenas (me marca error), o como se las nombre ahora. EL AUTOR.

 

Si dijera "pan", ¿a qué te suena?

¿Y "dulce"?. ¿Y "queso"?

¿Y "cama templadita"?

Si dijera "sol", y "mar",

y “empanadilla”, y "paseo por montaña", ¿...qué?

¿Te suceden las palabras esas?

Si dijera "verde prado en flor";

"fértiles llanuras"; "hondos valles"...

Si dijera "montaña", ¿qué se escucharía?

¿Y "ropa limpia"?; ¿y "techo sin goteras"?

¿Y "libros de leer"?; ¿y "sones de escuchar"?

Y ¿"caricia de las manos más amantes más queridas"?

¿Qué te expresa la palabra "bueno"?

Y la palabra "sueño", ¿qué te aviva ?

Y si digo: "ayerhoymañanasiempre" todo junto,

¿de qué estaría hablando?

Si a todas las palabras, que no invento,

y que escuché tanto en la vida, les quitara “algo”

-tal vez el peso mismo de lo que cada nombra-

¿no oirías acaso de mi boca la tristeza

de lo que pudo ser pero no ha sido?

Ya sé que son letra tras letra,

signos y no más; signos cualesquiera...

pero: cuanto significan esos signos...

Si mi lengua decidiera:

“sólo son quimeras vagas",

"dentelladas al vacío",

"aproximaciones a la nada"...

¿qué de algo aportaría?

Palabras, tan palabras como siempre,

las tenemos a ellas y nada garantizan

Palabras que no saben lo que invocan

queriendo ser la voz de lo que imitan ser

Y si no fueran eso... ¿qué serían...?

¿Podríamos decirlo sin palabras...?

 

“Palabras”. Alberto Carlos Bustos. Buenos Aires. Enero 1922.

 

Azalea Góngora de Bianchi, poetisa de San Rafael (Mendoza) asegura en su libro “Con cuánto, casi nada”, haber escuchado de propios labios de Alberto Carlos Bustos: -"Nací en Mendoza, capital, un *26 de noviembre de 1906*, llovía torrencialmente y el médico de mi madre se llamaba Noé. Curioso, ¿no?: Noé me trajo al mundo en el mismísimo día del gran diluvio universal, aunque cinco mil años después; de ahí vendrá, digo, esa costumbre mía de llevarme bien con los animales y de chapotear en las acequias..."

 Nota del Autor (2): Ésta fecha ya parece más razonable.

("La Vendimia". Nª 11. Junio de 1951.)

 

Pero Aquiles Bianchi (ornitólogo) manifiesta que: - "...Azalea (su esposa)-, mitómana por naturaleza, jamás escribió una coma ni dos letras seguidas y arrastra su existir entre un analfabetismo precoz y alarmante y la mitomanía; y no es oriunda de Mendoza, sino de Quilmes (provincia  de Buenos Aires). Que él jamás escuchó de sus fantasiosos labios el ridículo nombre de ese sujeto, a quien -enfatiza, más que vehementemente-, tampoco conoció, ni conocerá”. Agrega, además: "... Ningún padre decente puede llamar a un hijo Alberto Carlos Bustos, ni juez inscribirlo en un registro, ni cura bautizarlo, sin temer posteriores represalias por parte del susodicho, de la justicia, de los enólogos y de Dios.

("La Vendimia". Octubre de 1952. Nº 14)

Su hermano menor, Romeo Bianchi, contradice esta versión: -"... Aquiles es quien falsea la verdad; todos en la familia conocimos al antes nombrado, fue más que amigo de Azalea -brillante artista de las letras, por cierto- quien, consumida por el amor que aquél despertara en ella, intentó disolver varias veces el vínculo marital que la atara a mi hermano..."-.

(”La Vendimia”. Junio de 1953. Nº 35)

 De la misma opinión es una vecina, Almendrina Urdaín -trascripción textual del original, que en la página 16, bajo el innecesario título catástrofe: “El escándalo cobra ribetes insospechados”, que el mensuario publicara sobre el caso-: "Azalea fue desflorada por Alberto Carlos el 16 de septiembre de 1943, a la hora del crepúsculo, en el cobertizo mayor de la estancia "La Tumbona" de la familia Góngora. Tras esta fugaz y meritoria intromisión en su  cuerpo, Bustos preñó a Azalea”. “Los progenitores (¿real, ella?, ¿ficticio, él?), fueron conminados a trasladarse de territorio por el mismísimo Gobernador Don Pedro Pi”. “Aquiles Bianchi -continúa la nota en cuestión-, interesado en la fortuna de los Góngora -opina la cronista social-, asume la paternidad de los trillizos, a quienes hace bautizar Aquiles Primero, Aquiles Segundo y Aquiles Tercero, casase con Azalea, y recompone una situación económica familiar más que comprometida debido a las deudas de juego contraídas por su padre, Rómulo Bianchi”.

Quien suscribe, a pie de nota, agrega que: "Fausto Mendieta, sordomudo, profesor de lenguas muertas, especializado en latín y arameo, oriundo de Adrogué (provincia de Buenos Aires), radicado en Godoy Cruz (Mendoza), a la sazón de visita en la chacra de la señorita Urdaín, ratifica y complementa esta versión mediante cabeceos y señas, en las que mixtura “delicadísimas expresiones propias de su especialización, viabilizadas a través del alfabeto gestual con el que acostumbra explayarse”... Al demandársele si conoció a Alberto Carlos Bustos, asiente utilizando el índice y el dedo  medio de la mano derecha llevándolos a los ojos -gesto que interpreta esta cronista, como un claro: -"De vista, nomás..."-. Suma, al instante, el pulgar erecto y el puño cerrado de su mano izquierda, agregando, deduzco: -"Gran tipo”-.

La Vendimia. Octubre de 1956. Nº 63.

 

No sé ya que inventar, últimamente,

padezco de vacío

Presiento que una ausencia es lo que nombra

todo este tema mío...

Me cuentan mis amigos, las cosas de sus vidas,

 y no retengo casi nada...

Les presto una sonrisa, y me abandono

a imaginarte en esa cama...

Hoy estoy triste, un poco raro...

Y cómo pasa el día, y nada de él

me ha pertenecido...

Y esta espera es un momento repetido

pero en vano, y mi deseo,

es como este día: de otro,

de cualquiera, menos mío.

No sé ya que inventar...

“Estado de ánimo”. Urbana de balada. Letra y música: Alberto Carlos Bustos. Suipacha. Octubre. 1923. 

 

LLAMADO A LA SOLIDARIDAD 1 (Falta el cifrado. Quizás Oscar Righi se acuerde de la melodía y, si lee esto, pueda colaborar para hacer la debida notación) A propósito, debe el Autor hacer otra Nota (la 3): Oscar fue quien supo darle nombre a esa voz que no dejaba de hablarme permanentemente. Un día lo nombró. Dijo: “Bustos… Alberto Carlos. Es él, seguro”, y, al bautizarla, ésa voz, dejó de urgirme tanto. Al preguntarle, ¿cómo sabés su nombre?, respondió: “Porque, Borges, no es”… Y  tan tranquilos.

 

NOTA DEL AUTOR (4). Dicen muy pocos (casi todos fallecidos ya y yo, porque me lo dijo alguien antes de irse al otro barrio), que la citada Urbana de Balada (recordarme aclarar qué significa la palabra Urbana), de la que no existe más constancia que ésta -gracias, de nada-, la escribió Bustos -a la sombra de algo que no recuerdo cómo se llamaba ni si era un árbol o una especie de sandía, a su querida Azalea –ya internada por don Aquiles en el Nosocomio “Hermanos del Cuello Largo SRL” en Chacharramendi, La Pampa. Advirtiendo el mismo autor de la Nota del Autor que del citado “albergue” no se tiene registro catastral alguno. Lo hace para que no busquen al divino botón los doce lectores de la provincia de mis amores que le siguen y así estamos todos en paz.